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21 agosto 2009

Desconexión


Inhalando polvo, sobre el suelo está tendido,
ve su casa como una caja de cartón, lúgubre y compacta,
el móvil ya está descargado por las llamadas intactas
y tocaron a la puerta, pero no ha respondido.

El corazón huye, el alma llora, la motivación se ha ido
y la imaginación perdió sus colores, los grises la refractan,
intenta maquinar a su modo la solución exacta,
pero en su mente pensamientos asesinos han urdido.

El vuelo de una mosca provoca un intenso ruido,
ecos que martillan sus oídos y que en el cartón remiso impactan.
Los perniciosos narcóticos, los sentidos aplacan,
sin vaticinio las pastillas su salud han embestido.

El artefacto que reposa sobre la mesa, contiene un solo tiro,
pero en el universo las posibilidades rescatan,
a los que con valor y entrega se levantan.
Lo creas o no, ¡no todo está perdido!
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30 junio 2009

Me nació del corazón

Las gotas de lluvia golpeaban el techo de las casas, una mañana de mucho frío que había provocado que los niños no quisieran ir a la escuela, pero que en la mayoría de los casos las madres les recordaron sus responsabilidades como hijos y estudiantes responsables, seguro a algunos de manera menos pacífica que otros.
¿A qué hora piensas levantarte? ¡Irma! Ya tienes media hora de retraso, para el tiempo que te tardas en alistarte grita la madre de Irma golpeando la puerta de su hija.
Mamá, hace frío y hay tormenta replica Irma.
Ya no voy a insistir más, pero no quiero que después me vayan a llamar de la escuela para hablar conmigo de tus faltas, ya no quiero que me hagas pasar mas vergüenzas. ¡Sino vas ya verás lo que te espera!
Irma sabía que su madre era capaz de hacer casi cualquier cosa para impedir que le tildaran de madre irresponsable, pues es como los vecinos y los padres de los compañeros de su hija le llamaban.
El frío y el ruido de la lluvia provocan un efecto de canción de cuna para Irma, quien en su somnolencia le pedía a Dios que detuviera el tiempo para dormir placenteramente y que su madre no siguiera interrumpiendo tal acto angelical.
¡Irma! gritaba la madre y en cada grito parecía que se quedaba sin aire—. ¿No me oíste? ¡Creo que hablé claro!
Luego del último grito de su madre, se levantó de un salto y se metió al baño, saliendo casi inmediatamente de él limpia, con más brillo que el de su sonrisa y en un santiamén, ya estaba en el comedor desayunando junto a su madre, que se había quedado boquiabierta de la extraña rapidez nunca antes vista de su hija.

Irma llegó a la escuela con los pies no muy empapados pero con sus piernas salpicadas de lodo, la lluvia había cedido su intensidad por un momento, en el que aprovechó para salir corriendo, a veces disminuía la velocidad para descansar un poco sosteniendo con fuerzas su paraguas. Al entrar a la escuela sacudió sus ropas y arregló su cabello, iba directo a su aula , ahora sus ojos brillaban más que su sonrisa, la que mostraba cierto grado de nerviosismo, pero esta niña de cabello oscuro y piel clara, íntegramente fulguraba esperanza. Lástima que cuando cruzó la puerta del aula, ésta esperanza desvaneció de golpe.
Hacía dos semanas que había conquistado el corazón de Germán, el niño nuevo, del que se enamoró desde el primer día de clases de ese año. Todos los días ella llegaba a la escuela con mucha emoción para ver a su novio, pero esa mañana fría él no estaba. Luego de la esperanza, llegó la desilusión por todo el esfuerzo hecho, y que al final, hubiese valido la pena quedarse durmiendo y desafiar a su madre.
—Buenos días Irma, pasa hija, no te quedes allí parada. Hoy, debido a la masiva inasistencia, abundan los pupitres dónde sentarse —exhorta el profesor a la desilusionada niña.
—Buenos días, con su permiso —responde ella cruzándose el aula hasta su pupitre.
Irma estuvo toda la mañana sin prestar atención en clases y con un alto grado de histeria. Por lo que una de sus amigas, quiso tomarse la tarea de animarle y apaciguarle el torbellino que se notaba en sus ojos: ella era Karen, una niña altruista, que muchas veces en el pasado había intentado animar a su amiga Irma cada vez que entraba en momentos de histeria, pero solo obtenía resultados infructuosos.

A media mañana, cuando Karen se disponía a hablar con su amiga, verle en el mismo estado le sugería ya no proceder de igual modo esta vez. Justo en ese momento el profesor pasó a su lado y le detuvo instantáneamente.
—Señor Pimentel.
—Hola Karen, en qué puedo servirte —contestó cortésmente.
Karen quería efusivamente ayudar a su amiga y pensó que pedirle orientación a su profesor sería lo ideal. Le explicó detalle a detalle de la situación y después de contarle las tantas veces que había intentado animar a Irma, le dijo:
—He hablado tantas veces con ella... he insistido mucho diciéndole que no debe ponerse así y menos cuando las cosas no valen la pena —explicó compasivamente a su profesor—, es más, considero que nada vale la pena para ponerse tan histérico.
—Entiendo, tienes mucha razón. Lo que has hecho está muy bien; aunque, sabes, ya no puedes seguir insistiendo, afablemente intentaste hacer que reflexionara y lo demás corre por su propia cuenta.
—Pero, yo no quiero verle así —insistió—. Ya me cansé de que siga en lo mismo todo el tiempo.
—Eres muy bondadosa —dijo el profesor sonriendo—, tu actitud es de digna admiración. Voy a hacerte una pregunta: ¿Quién te dijo que ayudaras a tu amiga?
—Nadie lo hizo —contestó, con su rostro figurando extrañeza en la pregunta.
—Muy bien, ¿quién te enseñó o de quién aprendiste a preocuparte por lo demás?
—Mis padres —dijo extrañada por las preguntas y sin saber exactamente qué responder—, supongo. Lo he aprendido de sus consejos.
—Cuando te aconsejaban, ¿te obligaban a actuar de la manera en que te sugerían?
—No —afirmó con plena seguridad.
—Si nadie te ha obligado, ¿por qué insistes en comportarte así con tu amiga? ¿por qué insistes en ayudarle, tratando de que actúe como tú quieres? —continuó preguntando el profesor.
—Porque me nació del corazón. Porque me da mucha tristeza verle mal.
El profesor con una sonrisa paternal, miró los ojos de Karen, en los que se observaba una luz que indicaba que la niña había comenzado a comprender.
—Entonces... es, es ella quien debe sentir la necesidad de mejorar la situación —se aventuró a conjeturar—. Por eso es que ya no puedo hacer más nada. Así como yo recibí orientación y decidí aceptarla, es ella quien debe sentir la necesidad de mejorar su situación —recalcó—. ¿Verdad?
—¡Precisamente!, y no solo le bastará con sentir la necesidad de mejorar la situación: deberá actuar.
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22 junio 2009

El pequeño Mateo

Una hermosa mañana de verano, Adalberto disfrutaba de la playa con su familia. Después de muchos meses de arduo trabajo, la estancia en la playa era más que merecida, estaban muy alegres. Su familia estaba complacida, porque si Adalberto no pudiera salir de paseo, ellos tampoco lo harían. Así que el clima playero era para todos una experiencia gratificante.

A media mañana, a los hijos se les antojó comer helados y le pidieron a su padre. Adalberto con gusto les dijo que los conseguiría, por lo que caminó en busca de ellos. Al llegar al primer rancho donde vendían una variedad de artículos y comida marina, le preguntó a la señora al frente de la tienda:

—¿Vende usted helados?
—Sí.
—Puede vend…
—Pero se terminaron —interrumpió la señora—, acabo de vender el último.
—¡Oh! Pues, ¿sabe dónde puedo conseguirlos?
—Donde doña Victoria.
—Eh… ¿dónde vive ella? —preguntó Adalberto.
—Mejor voy a llamar a uno de mis hijos para que le acompañe —contestó la señora al notar que se encontraba frente a un turista.

Pocos segundos después que la señora gritara el nombre de uno de sus hijos, salió el niño y se dirigió hacia su madre, quien le dio instrucciones de llevar a Adalberto hasta el rancho de doña Victoria. El niño era el hijo menor de la señora, un chaval de unos trece años. Al ver al niño, a Adalberto le pareció un chico muy listo y simpático, notó que vestía una camisa y unos cortos sucios, descalzo.

En el camino se le antojó a Adalberto que podría tener una amena conversación con el peque, por lo que sonriente le miró y le dijo:

—¿Cómo te llamas?
—Mateo.
—¿Cuántos años tienes Mateo?
—Once, ya voy a cumplir doce —respondió el niño rebosante de vivacidad.
—Oh, así que ya has aprendido mucho en la escuela.
—No voy a la escuela —dijo Mateo, convirtiendo el comentario de Adalberto en una interrogación.
—Pero... ¿Por qué no vas a estudiar?
—Mi papá dice que no es necesario, que mejor debo aprender a trabajar. Y mi mamá me lleva todos los días a la iglesia.
—Me imagino que en la iglesia te enseñan muchas cosas, entonces —dijo Adalberto, esperando una respuesta positiva.
—Sí. Allí me enseñaron a leer la biblia.

Adalberto, como padre de dos hijos, se sitió triste de saber que un niño estaba creciendo sin educación. "Que el pequeño Mateo supiera leer no es suficiente", pensaba, mientras era guiado por el niño hasta el lugar donde aguardaban los helados.

—Mi mamá me dice que debo leer mucho la biblia —dijo el niño interrumpiendo los pensamientos de Adalberto— y hacer todo lo que allí diga, porque sino Dios me va a castigar.
—¿En verdad crees que eso es así?
—Es que si no nos portamos bien, nos vamos a ir al infierno —contestó en su inocencia.

En ese momento, Adalberto sintió que una enorme tristeza se apoderó de él. Se preguntaba "¿cómo es posible que una criatura inocente tenga ya este tipo de desinformación?".

—No hijo, Dios no te castiga, Dios siempre te da amor —contestó Adalberto, mirando al chaval con ojos tiernos de compasión.
—Ya llegamos. Aquí vive doña Victoria.

Luego que Adalberto comprara el encargo de sus hijos, partieron de regreso. Ya no sabía qué platicar con Mateo, porque su reciente conversación le había dejado triste. Esta vez, fue Mateo quien rompió el silencio.

—¿Señor, usted le tiene miedo al diablo?
—Por supuesto que no —Adalberto no podía creer lo que acababa de escuchar, no sabía que más añadir—. ¿Por qué me preguntas eso?, ¿acaso tú le tienes miedo?
—Yo si le tengo mucho miedo. A veces, cuando me voy a dormir, me da miedo la oscuridad, siento que él puede llegar.
—No Mateo. Los niños como tú son ángeles que reciben el amor de Dios constantemente, no te deja solo ni un segundo. Por eso no debes sentir miedo, porque siempre hay alguien que te está cuidando, ese es Dios —replicó Adalberto con voz paternal—. Mateo, ya casi llegamos a tu casa y quiero que no olvides que Dios está contigo siempre, ¿entendido?

Mateo se sentía confundido y se limitó a asentar con su cabeza. Llegaron a la casa de Mateo y Adalberto le sonrió, le extendió su mano y la estrecharon, luego agradeció a su madre por la ayuda y regresó al rancho donde estaba su familia. Desde aquél día, Adalberto se ha dedicado a dar a sus hijos, una enseñanza espiritual basada en el amor.
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16 junio 2009

Divina niñez

El resto del mes Quiero SER Libre dedicará sus entradas a los niños. Esos hermosos ángeles que iluminan nuestros hogares, los parques, las escuelas, los centros comerciales y en algunos casos las calles, en los semáforos o en los buses reuniendo un poco de dinero.

La niñez es una etapa en la que aun se está en una íntima relación con el espíritu, una etapa llena de humildad, alegría, sencillez, felicidad, candor, diversión, sinceridad, júbilo y tantas expresiones más, con las que se manifiesta el espíritu en completa armonía.
Ofrezco el siguiente poema a todos los niños del mundo:


Divina niñez.

Delicado, dulce y sereno,
recientemente has venido
desde el núcleo eterno,
dónde siempre has vivido
apacible y tierno.

Eres de color como el añil,
inmerso en el entorno eviterno
y sagrado de tu candidez.
Tu energía ilumina el mundo externo,
enseñas envuelto en sencillez,
a través de la sucesión del amor paterno.

Índigo es tu longitud de onda
y provoca éxtasis a quienes acaricia,
sensación celestial tan honda,
que a todo nuestro ser beneficia.

Aún entre la imperante agonía,
en tus tersas manos está la paz
que el mundo ansía.
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31 mayo 2009

Canta el torogoz

Como la luz, como el sonido,
así se desplaza tu espíritu
por el espacio y el tiempo,
por los umbrales de divinidad.
No hueles el sonido, ni escuchas la luz,
no miras tu espíritu;
pero así como por la luz ves los colores,
y escuchas a un torogoz cantar,
así se manifiesta tu espíritu
trascendiendo de los sentidos.
Acelera la velocidad,
para modular las frecuencias
en las que te manifiestas,
ayudando a crear un campo
de paz y armonía en expansión.
¡Que el campo englobe la Tierra,
que siga expandiéndose entre las galaxias,
hasta que alcance el infinito!
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22 marzo 2009

Dianita en el campo

Dianita corre por el campo, disfruta del aire fresco. Salta entre la hierba y no teme a que el filo de la maleza le hiera su tersa piel. Para Dianita el mundo es alegría, ha escuchado que la gente habla de miedos y tristezas, pero ella considera que están equivocados, que dicen eso porque quizá no conocen la alegría y amor verdaderos, ya que solo piensan en sí mismos y no se permiten contemplar con asombro lo que les rodea.

La graciosa Dianita de piel blanca y rosadas mejillas, corría directo hacia el río para observar cómo beben agua los venados y esperar para cuando ellos se vayan, poder ir a recolectar las piedras más bonitas y así terminar de construir el caminito de la entrada de su casa.

Todo tiene significado para ella, está muy conectada a todo lo que le rodea. Cuando se pasea por las verdes colinas, siente esperanza; si va al río, entiende que su espíritu es como esas aguas que van hacia mar; el camino de piedritas que construyó, le recuerda a la búsqueda de la paz interior; el aire fresco del campo, es la energía vital que nos anima; el canto de los pajaritos, es como un llamado a la unidad entre especies y el compromiso que tenemos los humanos de ayudar a los menos evolucionados.

Al oscurecer, Dianita corre de regreso a su casa con las piedras que recolectó. Corre con el ímpetu de la libertad, en el campo es feliz porque allí es libre. Corre y sonríe al recordar una conversación que tuvo con su amiguito Luis.

—Dichosa tú, que puedes salir a jugar cuando quieres y aunque llegues con tu ropa sucia tu madre no se enfada —se lamentó Luis.
—Pero muchas veces hemos salido a jugar juntos... —replicó Dianita.
—No hemos salido muchas veces —interrumpió su amigo—, porque siempre me mandan a trabajar, tenemos once años y a nuestra edad lo normal es que nos la pasemos jugando y aprendiendo en la escuela. Yo solo quiero ser libre...

Entonces Dianita interrumpió.

—Entiendo tu posición, porque cuando no me sentía a gusto también me decía "Quiero ser libre", hasta que descubrí que soy libre —afirma—. Una noche, cuando dormía, soñé que un ángel me decía que la libertad verdadera no se experimenta con plenitud en nuestro mundo, porque siempre está influenciado por otras personas que no han aprendido a vivir en paz. Me dijo que la verdadera libertad se experimenta en nuestro interior y que desde allí podemos dar paz y libertad a nuestro mundo. Al final me susurró tres veces: "Busca en tu interior".
—No entiendo qué puede significar todo eso —respondió Luis, muy confundido.
—Yo tampoco entendí —contestó la perspicaz niña—, hasta que un día que mi madre me reprendió y yo no me disgusté con ella como lo solía hacer, noté que tanto ella como yo asimilamos ese momento con más rapidez y yo me di cuenta que no tenía por qué estar enojada con ella, ya que tenía mucha razón de haberme reprendido. Desde entonces sé que la paz viene del interior, que si queremos vivir en paz no tenemos que esperar de lo que ocurre a nuestro alrededor, sino de nosotros mismos y así como me lo dijo el ángel en sueños, se aplica también a la libertad.
—Eso me ha dejado un poco confundido y no parece que sea una cosa fácil.
—No parece fácil —contestó Dianita—, pero cuando lo has intentado, cada vez cuesta menos. Y sabes, días después de poner ésto en práctica, soñé otra vez con el ángel y me dijo: "Has encontrado paz en tu interior, también has experimentado la libertad".
—Dianita, ¡ese ángel quizás es como un sabio! —Exclamó Luis con admiración.
—Y antes de despedirse me anunció: "Paz, libertad y aun hay mucho más".
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08 marzo 2009

Luz de fuente interminable



Yo busco la luz superior
serena, resplandeciente,
limpia, continua y consciente
de toda mi fuerza interior.
No es como la luz exterior
que se muestra muy variable,
yo quiero la luz estable
pacífica y destellante,
sé que me guiará triunfante
a la fuente interminable.


Ésta es una décima, para mi décima entrada.
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28 febrero 2009

Nuevo día, nueva oportunidad

Las dos cucarachas que comían de los residuos del sándwich de la noche anterior, se esconden entre las sombras de los objetos cercanos buscando su nido. Contiguo al plato de los residuos, hay otro de color azul oscuro, con algo que parece ser talcos que forman una línea junto a otro tanto desperdigado. En el suelo yacen colillas de cigarrillos, entre las que hay un papel enrollado, como si fuera una colilla más, pero no contiene nada, es sólo un cilindro de papel.
Suena la alarma, se escucha un profundo suspiro y estirando su brazo izquierdo totalmente tatuado con manchas de tigre, detiene aquel ruido agudo, sin embargo, es más agudo su dolor de cabeza y el malestar estomacal. Sin ningún ánimo por levantarse, se voltea recargando su peso sobre su costado derecho, frota la piel de su brazo que le da origen a su apodo: Tigre.

Cada mañana, cada amanecer, es una nueva oportunidad para levantar nuestros ánimos de aprender lecciones, es una nueva oportunidad de encarar las situaciones de la vida con optimismo, con aires de cambios positivos. Lástima que Tigre no ve esos horizontes, pues su perspectiva está limitada por sus ambiciosos deseos de poder, riqueza, drogas y todo lo que le de autoridad sobre los demás. El poder y la riqueza están muy bien, pero deben ser para el beneficio de los todos.

Sentado en la orilla de su cama, Tigre experimenta unos segundos de reflexión, lo mismo que le sucede cada mañana, su ser interior le llama. Confundido, intenta hacer caso a esa voz que le suplica un cambio de pensamiento, él agita su cabeza de un lado a otro con mucha rapidez queriendo ignorar. La voz vuelve a exhortar, le suplica un cambio de actitud, Tigre cree que la resaca, le hace escuchar tonterías. Insistente, la voz llama una vez más, le dice que reconozca que no solo es una persona más en el mundo, sino que es muy importante y que puede hacer la diferencia, que pude ser un ejemplo para los demás jóvenes que están siendo atacados por sus pensamientos egoístas. Ésta vez, se nota en Tigre una clara expresión de atención, como si por fin ha escuchado los llamados de su voz interior suplicante, su expresión es como de una persona analítica y pensativa, se levanta de la cama y dice en voz alta:
—Creo que necesito una cerveza.
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15 febrero 2009

Sexo a la San Valentín

Noche fría, el cielo despejado, las estrellas brillan a nuestro ritmo cardíaco, tu blusa entreabierta hace que brillen con más pasión. No sé cómo terminamos tan excitados en este descampado, lo que parecía ser una cena romántica con el tiempo medido, terminó siendo la escena de amor más erótica de mi vida.

Los dos temblamos de frío, pero no nos importa, a penas lo notamos. Los besos se tornan más fuertes, que hasta los dientes son ya partícipes. Las manos no saben dónde más tocar, porque han explorado todos los recovecos de nuestros agitados cuerpos. Incrementa la pasión, no obstante, la ropa quiere frenar toda caricia, y yo quisiera que se rompiera o desapareciera, para poder seguir poseyendo a mi amada.

Cuando por fin, nuestros cuerpos en ropa interior se confunden, pareciendo uno solo que se sacude a la luz de la luna llena, hay una breve pausa de estupor que inmediatamente se convierte en un enredo de deseos y lujuria, el momento en el que nos quitamos nuestra ropa más íntima y ponemos nuestras manos sobre nuestros genitales para cubrirlos, así disimular un poco el frío o la vergüenza. No sé cuál es el límite para la excitación, es que parece que no se detiene y sigue en aumento, sólo pienso en lo mucho que la amo y que lo sucedido hasta hoy, será para consolidar más nuestra relación.

Cuerpos gélidos, la pasión se acrecienta, abrasadora, noche fría, genitales candentes, el glacial capó se ha quedado congelado de soportar nuestros flamantes cuerpos sobre él (espero no estropear el coche de mi abuelo), ¡vaya noche! a simple vista no parece tan ambigua. Los besos comienzan a ser exploradores, quieren imitar a nuestras manos antes de quitarnos la ropa, pero los besos son más atrevidos, no quieren dejar ni una sola parte del cuerpo sin ser conquistada y ésto hace que algunos jadeos comiencen a ser también protagonistas. El vaivén del torrente sanguíneo llena los cuerpos cavernosos, el falo y el clítoris se llaman mutuamente, son atraídos, ya no pueden pasar distanciados ni un segundo más, ya no hay más preámbulo para copular. Se humectan. Y... se emparejan.
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17 enero 2009

Palabras

Cierro mis ojos tratando de encontrar las palabras,
sutiles palabras que llegan a mi mente,
más no sutiles como el olor de tu perfume,
fragancia inspiradora que alimenta mis sentidos.

Abro mis ojos y... ¡ahora sobran las palabras!
siento como si naciera el sol poniente,
las estrellas se disparan de la fuerza que las une
y el corazón estalla, una implosión de mis latidos.

Estás allí, y yo, sin pronunciar palabras,
pues mi silencio las ahoga y retornan a la fuente;
más valen las miradas y sonrisas que el momento reune,
que un ramillete sonoro viaje por el aire y llegue a tus oídos.

Fluyen, forcejean y se detienen, ¡palabras!
aún sin tener un gen que me torne elocuente,
me llena tu mirada y tu presencia me vuelve inmune,
ya no me altero por buscar más sonidos.

Palabras son sólo eso, ¡palabras!
prefiero conectar en tu piel lo que mi corazón siente,
con un beso soñado que mi deseo presume,
al final, ello será el sonido, y el mayor de mis cumplidos.


El sentimiento de un hombre que intenta declarar su admiración y amor a una mujer, pero que
entre tanta fascinación, queda enmudecido y no encuentra otra forma mejor de expresarse que darle un beso. Este poema lo escribí por encargo, para decir una salutación a una reina de las fiestas patronales de Juayúa el 2 de enero del 2009.
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